13 de noviembre de 2012

SEXO



 Sexo que es, o puede ser omnipotente,
omnisciente, omnipresente y también ausente.
Que podría radicarse en cualquier lugar,
del cuerpo o del alma, en el aire o en tus ojos.
Que nos acompaña desde que éramos bacterias.

Sexo, que no siempre es ‘hacer el amor’
--tibia expresión progre y amanerada--,
el amor es una cosa y el sexo otra,
pero las dos se entienden de maravilla,
pueden ir juntos o por separado.
No se trata de ir de caza, de azuzar, de engatusar,
de arrinconar al otro y violarlo, con o sin permiso.

Sexo que no sólo es cópula, que no consiste tan solo
en la gimnasia de introducir el miembro en un agujero,
o en masturbar compulsivamente penes o clítoris.
Sexo también es sentir (en mayúsculas), placer,
solo o en compañía, o deleitarse ante esa mujer seductora,
esa preciosidad que desata fantasías y lujuria.
O ante el hombre que pueda llevar a su
compañera a escenarios imprevisibles, al deleite.

Sexo es jugar al límite, buscar el éxtasis primordial.
Y eso si no hablamos de las mal llamadas perversiones,
o de relaciones homosexuales, a veces
incluso más fascinantes y enriquecedoras.
No sólo es el placer de los sentidos y
toda esa parafernalia de los rituales que le acompañan.
El sexo es capaz de cuestionar la razón y los ideales,
de alterar el curso de la historia y de los mundos.
También, --lo sabemos-- es, aquel instinto
esencial y ancestral de perpetuar la especie.
Pero aunque casi siempre parezca otra cosa,
el sexo podría estar ubicado en el cerebro.

Félix Menkar 2009
Del poemario "Alto voltaje"

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