28 de abril de 2014

Condiciones penosas del exilio

                
     Javier Cercas en ‘Soldados de Salamina’ relata uno de tantos
 episodios  dramáticos que sufrieron esos desheredados.


Argeles sur le mer,
prefectura del Languedoc,
región del Rosellón francés,
primavera del 39,
una playa negra,
latas enterradas entre arenas insalubres,
el frío, la miseria y exiliados españoles de ojos sin futuro,
enjutos y hambrientos,
perdedores de quimeras,
que se alimentan de ratas
y de sus botas de cuero;
hombres acusados de apoyar la legalidad republicana;
hombres de base sin otro delito
que su afiliación sindical al rojo y negro,
como mi padre;
hombres humillados y apresados,
sin entender porqué acatan sin fisuras
las ordenes de los supuestos amigos de la libertad;
franceses traidores y mezquinos
que les tratan con desprecio,
como a perros,
a ellos, a los derrotados,
a los exiliados de la Republica Española.

Argeles sur le mer,
--a escasos siete kilómetros de Colliure
donde encontró meses antes la muerte Machado--,
campo de humedad e ignominia
en la playa del abandono,
aparente refugio del miedo
para los que salieron huyendo desde Barcelona
ante el implacable avance de los nacionales,
por la larga, penosa y controvertida ruta de los Pirineos,
de incesantes columnas de fugitivos
acosados por la guardia civil;
y en la frontera, el recibimiento de los franceses
en los campos de concentración.

Ante los gabachos,
ciegos de desidia y de recursos,
esos hombres maltrechos, desesperados y valientes,
con bicicletas robadas escapan hacia Alsacia
buscando trabajo en las fábricas de hierro y acero.
Tiempos revueltos, Europa convulsa.
En plena línea Maginot les escupió de nuevo
la Guerra en su cara,
y se repite la huida del terror, hambre y miseria,
por los países de hielo y sangre.

Una década de su vida
arrastró mi padre
la infamia y el sufrimiento
por tierras de nadie,
y, al volver a su país,
su nombre continua grabado en piedra
en las listas negras del franquismo.
Y es su hermana, una Hija de la Caridad,
la que le libera del yugo
y las cadenas del cuerpo,
que no del alma,
que sobrevivió flotando sobre la amargura
de una época imposible de olvidar.


                  Félix Menkar
                  Noviembre 2011

(imagen-collage) de Fmk
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