25 de mayo de 2014

Entre todos construimos el templo


Ante todo hago constar que soy ateo (cámbiese pues ‘el templo’ por otro símbolo similar).

Unos lo teorizan, formulan, diseñan. Otros lo apoyamos, consentimos o vivimos dentro, junto, contra o en la periferia pero dependemos de él. Muchos son las víctimas, los mansos, los que se buscan la vida chapoteando en él, otros, pocos son dinamiteros, de uno u otro extremo. Una mayoría son inanes, desmotivados y asqueados que siguen impávidos dejando que “ellos” les tutelen con su prepotencia de dueños de las ideas y de las cosas. Este ejército de inanes está socavando los cimientos del templo para alegría de los señores que alientan y sufragan la inacción; ellos no lo saben pero esa es la estrategia de los amos, de los poderes fácticos de siempre.
De eso se trata de Amos y Títeres, esa es la fabula.
Al sistema, templo o estado del bienestar o malestar (depende) difícilmente le vemos la cara, pero existe; no nos gusta, está claro, porque a nadie le gustan las normas, decirle lo que tiene o no que hacer, pero de alguna forma todos admitimos que tiene que existir cierta estructura, carril o guía de conducta e interrelación de intereses, algún vehículo civilizador para nuestros impulsos irrefrenables, egocéntricos y a veces salvajes.
Si como dijeron Marx y otros --hace tiempo— estuviéramos educados, equilibrados emocionalmente y con la riqueza distribuida y las injusticias mitigadas, si la solidaridad prevaleciese y fuera algo natural la cooperación en vez de la competitividad posiblemente podríamos desmantelar el templo, o el estado/sistema normalizador/represor; pero de momento seguimos igual y nadie quiere hacer(se) ni ser responsable de sus actos, sean propios o ajenos; en el fondo nadie realmente quiere cambiar casi nada, aun nos compensa.
Puedo entender y de hecho entiendo a los llamados “antisistema”, desencantados y hartos de tanta mierda que fabricamos y atesoramos y no conduce a ningún sitio preciso, pero calificarse de “anti” y luego perder el culo por los subsidios, ayudas, subvenciones etc. resulta igual de incoherente y falso que esa otra ley del más fuerte de los corruptos y sus abusos, querer ser más listillos y aprovecharse de los honrados y éticos que son pocos. Si realmente lo que desean es ser “anti” ni deben vivir de, ni pagar a, ni consumir esto y aquello, sino vivir autónomos, fuera del, no en sus márgenes o de la caridad de unos y otros. Ellos también son sistema aunque vivan de las migajas y también tienen voz, no pueden renunciar a elegir, a participar, a promover…no se pueden alzar de hombros diciendo cosas como que la política no les concierne; todo es política, hasta la calidad del aire que respiramos.
Porque haya políticos corruptos no vamos a acabar con la democracia representativa,  sacaremos a las manzanas podridas e intentaremos construir otro sistema más humano, menos depredador. Porque haya hombres y mujeres que son monstruos no vamos a acabar con toda la humanidad, intentaremos educar, averiguar qué es lo que pasa, seguir viviendo mejor y lo más en paz posible dentro de las contradicciones propias de la condición humana.
El odio y el miedo son las armas que usan los amos, ellos desean que seamos ignorantes, que estemos asustados, que no alberguemos otro futuro sino consentir sus privilegios, que digamos solo AMéN. Y debemos rebelarnos contra ello, participar no como ganado sino como seres humanos.


Félix Menkar, 25 mayo 2014
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