13 de enero de 2011

Aullido (A.Ginsberg)-- Rugido (F.Menkar)


Aullido, de Allen Ginsberg

--fragmento 1956--

He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca
de un colérico picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la noche,
que, encarnación de la pobreza envuelta en harapos, drogados y con vacías miradas, velaban fumando en la sobrenatural
oscuridad de los pisos de con agua fría flotando sobre las
crestas de la ciudad en contemplación del jazz.
Que desnudaron sus cerebros ante el Cielo, bajo el Él y vieron tambalearse iluminados ángeles mahometanos sobre los
tejados de las casa de alquiler.
Que atravesaron las universidades con radiantes ojos tranquilos alucinando Arkansas y tragedias de luz-Blake entre los
escolásticos de la guerra.
Que fueron expulsados de las academias por dementes & por publicar odas obscenas sobre las ventanas de la calavera.
Que se acurrucaban amedrentados en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando el
sonido del Terror a través de la pared, . . . . . .
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Rugido, de Félix Menkar

He visto a las mejores mentes de mi generación
abatidas por la apatía, vacías, estúpidas,
engalanadas de fantasía y engaño,
sin futuro, sin pasado, sin nada,

asistiendo a veladas poéticas, como impávidos espectadores
obcecados, que pueden escuchar sin inmutarse
las denuncias sobre asimetrías intolerables, o los versos absurdos,
nihilistas del poeta de turno entre cervezas y humo,

rehuyendo participar activamente en las contiendas,
enalteciendo un mal denominado respeto hacia el otro,
que en ocasiones es el manipulador
y embaucador de las mentes adocenadas,

dejándose seducir al dictado de los procesadores de información,
esbirros de los amos y expertos en alterar la realidad en su propio beneficio,
en el de su arte, sus asuntos o sus intenciones
que no viajan más allá de su ombligo,

negándose a dirigir con sentido su vida, renunciando a desplegar sus alas,
sin lastres, ni parches, ni adicciones para poder volar a contracorriente,
para dispersar las semillas del futuro, para vislumbrar,
como oteadores del mañana, el porvenir e intentar que sea menos sombrío,

los he visto y no quiero seguir viéndolos adormecidos,
distraídos, atemorizados y les exijo que pasen a la acción,
que se expresen con firmeza, que dejen de lado
los procedimientos del ayer para resolver los problemas del mañana,

que sean imaginativos, que se rebelen contra la inercia,
que sean, en fin, seres humanos, no piezas prescindibles
de un sistema, de un engranaje oxidado y vetusto,
abocado a un desplome terminal.



(*) influenciado por el aura del poema ‘Aullido’, de Allen Ginsberg



Félix Menkar 17.2.10
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