1 de mayo de 2010

Preferencia, dejar huella

Preferencia por un mundo en el que lo importante es dejar huella, no reflexionar, no hacer caso a la crítica, a las opiniones ajenas ¿para qué? si las cosas van demasiado rápido y los ciclos son cada vez más cortos. Nos complace pues, crear objetos a los que denominamos obras de arte, que aumentan su valor, la escala de lo relativo, con descaro, a la par que disminuye su originalidad, su aportación como instrumento de ruptura. Las máquinas célibes llamadas artistas abandonan su dimensión trágica para ofrecer algo más exquisito: un subterfugio de la utopía, el conformismo del creador ensimismado en su refugio. Su mensaje apenas llega a las comunidades en crisis que se transforman en colectividades-náufragos de un sistema que aun funciona, pero en decadencia, a la deriva. Las antiguamente llamadas personas nos reorganizamos micrológicamente en las redes virtuales, dejamos de sentir, de tocarnos; mejor la distancia, la luz de la pantalla. Si lo irreal retorna, es como exhibición nihilista, la constatación de una ambigüedad que a todos, mal que nos pese, nos afecta. Mi impresión directa es que sobran egos, nombres y marcas y faltan ideas, sobran poetas y artistas y faltan atentos lectores de poesía, mirantes empáticos de los objetos creados por otros, poseedores del tiempo y la motivación necesaria para encontrar nexos, caminos y soluciones para todos.

Félix Menkar. oct.09

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